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Como ser consumidores más responsables


¿Cómo ser un consumidor más responsable?

Pregúntate, ¿Conoces el origen de lo que estás comprando? 

La traza del artículo, su fabricante y su cadena de suministro. Preocúpate por conocer que hay detrás del fabricante, su cadena de producción, en qué lugar produce, en qué condiciones de fabricación. 

¿Es un fabricante responsable con el Medio Ambiente?... ¿Lo es con los trabajadores? ¿en qué condiciones laborales producen?. 

Las cosas no son siempre lo que parecen ser y detrás de esta búsqueda puedes encontrarte con muchas sorpresas y no siempre agradables.


Apoya a los productores locales y al comercio local

El comercio local favorece un comercio más responsable y sostenible. 

Fomenta las compras locales, artesanales, mercados y tiendas de tu barrio y el comercio justo. Los productos locales reducen además los costes de transporte a largas distancias y reducen el consumo de energía y la contaminación contribuyendo además por tanto a la mejora del Medio Ambiente.

Algunas tiendas, e incluso, algunas Grandes Superficies disponen también de productos de Comercio Justo con su etiqueta. Prueba esos productos. Los productores podrán disfrutar de un pago justo por su trabajo al reducir intermediación.



Consume productos más ecológicos

Agricultura y ganadería ecológica. Abonos naturales, frente a fertilizantes químicos. 

Animales en libertad frente a animales estresados y en condiciones inapropiadas, en espacios reducidos, hacinados...  

Vigila las etiquetas, mira lo que consumes. Pero ojo, no hay que caer en engaños. No todas las etiquetas ecológicas lo son. Infórmate.



Menos bolsas

Di no a las bolsas de plástico. 

Evita bolsas de un solo uso o desechables. Ve a la compra con tu bolsa reutilizable o tu carro de la compra. Como se hacía antes. 

Millones de bolsas contaminan todas las regiones de la Tierra y los Océanos y son responsables de la muerte de cientos de miles de especies de aves, peces, anfibios y mamíferos cada año.



Menos plásticos

Según PNUMA, Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el 80% de los residuos marinos del mundo son desechos plásticos. 

Volveremos sobre este tema en un próximo artículo de este blog.


Menos envases y embalajes

Adquiere productos con menos envases o embalajes innecesarios. 

Evita también aquellos envases que son más difíciles de reciclar o que son más contaminantes. 


Fomenta y contribuye a fomentar los envases retornables frente a los no-retornables.




...Y por supuesto, la conocida regla de las 3 R


Sé exigente e intransigente con la irresponsabilidad

Tal vez una sola voz no sea suficiente, pero debes saber que tu voz no está sola. 

Muchas personas en el mundo piensan y actúan en sostenibilidad. 

Pide a las empresas productos responsables. Solicita a las instituciones marcos legales responsables. 

Reduce tu consumo
Evita consumir productos innecesarios. Antes de adquirir algo pregúntate si realmente lo necesitas...

Reutiliza
Muchos productos pueden encontrar una segunda oportunidad, una segunda vida. Hay muchas webs y blogs donde encontrar ideas para reutilizar artículos, algunas muy útiles y sorprendentes.

Recicla
Separa los residuos y guárdalos para llevar cada uno a su contener adecuado. Utiliza correctamente los contenedores. No arrojes en los contenedores productos que no correspondan. Infórmate de qué productos sí y cuales no son aptos para cada tipo de contenedor. Consulta con información de tu Ayuntamiento dónde puedes llevar productos que desconoces su contenedor. Infórmate de tu Punto Limpio más cercano.



Suma esfuerzos
Son los pequeños gestos los que construyen los cambios. A buen seguro, no es posible en el mundo actual practicar un consumo totalmente responsable, pero cada gesto suma y cuenta. No te rindas. Colabora con otros consumidores. Denuncia. Pide cambios. 



Actuar, hace posible lograr. Juntos, lo haremos posible.

Etiquetas de huella de carbono, ventajas e inconvenientes.

Un interesante artículo de la revista Eroski Consumer para conocer qué es la etiqueta de huella de carbono de los productos y su utilidad para el consumidor.
Fuente: Artículo publicado por la revista EROSKI CONSUMER.
Autor: Alex Fernández Muerza. 




Las etiquetas de huella de carbono, pueden ayudar a los consumidores a luchar contra el cambio climático, pero tienen que mejorar en algunos aspectos.

Imagen: http://www.carbon-label.com/the-label
Algunos productos han empezado a mostrar en su etiquetado su huella de carbono. En países como Estados Unidos, Reino Unido o Suiza, los consumidores conocen así la cantidad de dióxido de carbono (CO2) emitida durante su fabricación, transporte y eliminación. Este sistema puede ayudar a los consumidores a mitigar las consecuencias del cambio climático y a las empresas que lo asumen, a vender más y gastar menos. No obstante, el sistema tiene algunos elementos que convendría mejorar para lograr sus objetivos.

Ventajas de las etiquetas de huella de carbono
Gracias a las etiquetas de huella de carbono, los consumidores pueden elegir los productos con un menor impacto en el cambio climático. El dióxido de carbono (CO2) es uno de los principales gases de efecto invernadero (GEI), implicados en este grave problema medioambiental. Si todos los productos llevaran en su etiquetado la información de su huella de carbono, es decir, cuánto CO2 se ha emitido desde su creación hasta su transformación en residuo, el consumidor podría comparar los datos y seleccionar el de menor huella. Un pequeño gesto realizado a diario por millones de consumidores puede tener un efecto considerable, para bien o para mal.

Gracias a las etiquetas de huella de carbono, los consumidores pueden elegir productos con menor impacto en el cambio climático

La etiqueta de huella de carbono es una forma de recordar el cambio climático a los consumidores, además de destacar su importancia y sus consecuencias no solo sobre el medio ambiente, sino también sobre la economía o la salud de toda la sociedad en general. Cuanto mayor sea el cambio climático, más se resentirá la biodiversidad o los recursos naturales, y esto afectará negativamente al bienestar de los seres humanos. En definitiva, es un mensaje que se envía a los consumidores para concienciarles sobre la importancia del medio ambiente en sus vidas cotidianas y la necesidad de conservarlo.

Las empresas pueden ofrecen productos más responsables con el medio ambiente, vender más y gastar menos, si se esfuerzan en reducir su huella de carbono y demostrarlo en sus etiquetas. Para conseguir una menor huella, una de las acciones principales pasa por reducir el consumo de energía, que se traduce en un menor gasto. Además, no hay que olvidar que la legislación exige cada vez más productos y sistemas productivos con el menor impacto posible sobre la naturaleza.

Por su parte, los consumidores están cada vez más concienciados y el criterio medioambiental tiene una importancia creciente al decidirse sobre un producto u otro. Los productores, vendedores y distribuidores que incluyan el etiquetado de huella de carbono aumentan sus posibilidades de ventas frente a la competencia que no lo utilice.

Posibles inconvenientes de las etiquetas de huella de carbono
Las etiquetas de huella de carbono pueden provocar una sensación falsa de conciencia ecológica. Realizar o comprar un producto con este etiquetado podría hacer creer que ya se ha "cumplido" con la labor de mitigar el cambio climático, cuando en realidad es una de las muchas acciones que se pueden tomar para ello, y no solo por parte de los consumidores, sino de toda la sociedad, empresas, instituciones, organizaciones sociales, etc.

La introducción de los datos sobre la huella ecológica obligaría a productores y distribuidores a rediseñar sus envases, lo que supone un esfuerzo añadido. Con la cada vez mayor información que figura en los mismos, podría pasar desapercibida, e incluso, confundir a los consumidores si no se hace de forma adecuada.

Diversos expertos y estudios recuerdan que no hay un acuerdo mundial sobre el significado del concepto de huella de carbono. Por ello no resulta extraño que se hayan detectado diferencias de resultados entre varios sistemas de cálculo de la misma. En este sentido, tampoco hay un único estándar de etiqueta de huella de carbono, sino que hay diferentes sistemas y organizaciones que se encargan de ellas en Europa, Estados Unidos y otros países.

La huella de carbono no tiene en cuenta a otros gases de efecto invernadero como el metano o el óxido de nitrógeno, que se emiten durante la producción ganadera. A pesar de que su cantidad es menor, su efecto es mucho mayor que el del CO2. Por ello, algunos expertos sugieren calcular todos los GEI y no solo el CO2 para hacer una estimación más aproximada de lo que un producto conlleva para el cambio climático.

RSE - Obsolescencia programada. El motor insostenible de la sociedad de consumo


Pablo Pastor Alfonso.
Al hilo del documental de Cosima Dannoritzer "La historia secreta de la obsolescencia programada: comprar, tirar, comprar", recientemente emitada en la 2 de TVE, me gustaría compartir aquí algunas reflexiones.

Se entiende por obsolescencia programada, la fecha de caducidad impuesta por los fabricantes para acortar el ciclo de vida de sus productos.

Los artículos tienen un ciclo de vida natural, desde su fabricación hasta su obsolescencia y caducidad, bien por agotamiento, bien por rotura irreparable.


Sin embargo, la obsolescencia programada, hace referencia a una caducidad deliberada y concebida desde su diseño por el fabricante para que las cosas no duren más allá del tiempo deseado por ellos mismos.

Así, esta caducidad se puede programar utilizando materiales menos consistentes, menos duraderos, baterías agotables o incluso, introduciendo chips con contadores que limiten el uso hasta un determinado número de veces.




Por supuesto, este es un hecho nunca reconocido por los fabricantes, pero que, no obstante ha calado y forma parte de nuestra actual sociedad de consumo actuando como motor de la misma.

Poco a poco, los consumidores nos hemos acostumbrado a asumir que las cosas cada vez duran menos. Tendemos a escuchar frases como “estos motores ya no son como los de antes”… “las chapas de antes sí que eran resistentes y no las de ahora”…


Y hay mucho de cierto en ellas. En los inicios de la revolución industrial, y hasta principios del siglo XX, los fabricantes buscaban, como cualidad inherente a sus artículos, la durabilidad. Cuanto más resistente al paso del tiempo era un producto, mayor era la valoración obtenida por los consumidores, mayor prestigio para la marca.

Pero las cosas empiezan a cambiar en los años 20 cuando los fabricantes empiezan a concebir un nuevo modelo económico y productivo no basado en la durabilidad.


Con la aparición del American Style Life, a partir de los años 40 y 50, favorecido por los medios de comunicación, especialmente la televisión y la publicidad, la Sociedad, la mentalidad de los consumidores ha cambiado. Los consumidores, empiezan a poner en valor otras cualidades de los productos, más basadas en el consumismo y en la moda que en las cualidades de duración, dejando a un lado valores como la resistencia al tiempo de los artículos.

Se adquieren artículos no siempre tanto por necesidad como a veces por puro consumismo. Este modelo se extiende a Europa una vez superada la II guerra mundial, y actúa incluso como motor de la recuperación económica.

La obsolescencia programada, va más allá de lo que es una simple moda o estilo de vida. Responde a una conceptualización premeditada por parte de los fabricantes para crear artículos de menos calidad, que acorten sus ciclos de vida útil, con el fin de fomentar el consumismo. Cuando un producto dura menos, más fácilmente tendrá que ser repuesto por otro en el mercado. Así, el consumidor tendrá la necesidad impuesta de renovar sus electrodomésticos estropeados, o bien, de sumarse a las tendencias consumistas de la moda para “actualizar” su vestuario o todo tipo de artículos.


Nace la cultura de desechar, de reemplazar. Desaparece la cultura de reparar. Es más sencillo, e incluso más económico, sustituir un aparato estropeado que repararlo.

Siguiendo incluso el consejo de los propios fabricantes, que no extienden la vida útil de los aparatos mucho más allá del tiempo que dura la propia garantía.



Como motor de la economía, la obsolescencia programada genera crecimiento al acortar los ciclos de reposición. La demanda de productos se incrementa y por tanto también el empleo, mientras exista una situación de bonanza económica auspiciada por el crédito del sistema financiero.

Todo esto se acentúa en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI, favorecido sin duda por el crecimiento de las economías en los países desarrollados. Pese a los ciclos de crisis habituales, el crecimiento económico en este período en los países desarrollados ha sido más o menos continuado. Esto ha favorecido el “sostenimiento” de un sistema económico basado en el agotamiento y la explotación de los recursos y cuyo motor ha sido la obsolescencia programada.


Sin embargo, basar la economía en el consumismo, también tiene contrapartidas negativas. Entre ellas, el agotamiento de los recursos, y la generación de residuos.

Según WWF, necesitamos 1,44 planetas como el planeta Tierra para mantener nuestro actual nivel de vida en el futuro. Es decir, estamos agotando el crédito y los recursos que la naturaleza nos da, y lo peor, lo estamos haciendo en menos de un siglo.




Es obvio que algo no marcha del todo bien. Evidentemente ese crecimiento es absolutamente insostenible. Algo tiene que cambiar. Debemos buscar otros nuevos modelos de crecimiento que no se basen en el agotamiento y explotación de los recursos naturales y también de las personas.

La crisis actual está poniendo de manifiesto el agotamiento de este modelo expansivo tal y como lo hemos conocido. No podemos seguir creciendo de manera insostenible.

Afortunadamente, los fabricantes empiezan también a ser conscientes de esta realidad y ya hay propuestas de productos “eco” más duraderos, que consumen menos energía, que utilizan materiales reciclados… Este es uno de los caminos para encontrar modelos de economía sostenible.

Recomiendo visionar el vídeo "Obsolescencia programada, comprar, tirar, comprar". Seguro que va a ayudar a cambiar muchas mentalidades.





RSE - Regalos con Responsabilidad

#rse #rsc #responsabilidadsocial

La Revista Compromiso Empresarial habla sobre Regalo Responsable en el número de diciembre de 2010. Puedes leer el artículo en la revista aqui



Publicado en la Revista: Compromiso Empresarial - Actualidad, RSC NOV - DIC 2010



Los habituales regalos de empresa han encontrado su homónimo en el ámbito de la responsabilidad social.


La empresa virtual Regalo Responsable fue creada con el objetivo de transformar los regalos publicitarios, promocionales, material de oficina, de ferias y eventos en una herramienta de comunicación de valores de RSC. Bolsas de tela ecológicas, calendarios y agendas con mensajes responsables, tazas y camisetas con diseños para la concienciación, artículos cuya trazabilidad responsable está garantizada son algunos de los más de 1.200 artículos ecológicos, naturales, de concienciación y comercio justo que se pueden encontrar en la página web.


Es una manera de facilitar a las empresas, administraciones y organizaciones sus decisiones de compra ética y responsable en regalos. Unos regalos que cuentan con una simbología para identificar los materiales con los que están fabricados y las correspondientes certificaciones medioambientales y sociales. Algunos de sus sellos de calidad garantizan que el producto está fabricado respetando los derechos humanos, respetando el medio ambiente, integrando en su cadena de fabricación a personas con discapacidad o haciendo uso de materiales reciclados, además de pagado con un salario digno.

Puedes visitar el catálogo online de Regalo Responsable en la web: www.regaloresponsable.com